Yo no quería tener hijos.
Miento. Si quería. Pero después de los 35, 36, 37. Quizá 40.
O mejor dicho: “Después de realizar todos mis planes”.
Ahora mis planes son en tres.
Yo no quería tener hijos.
No me veía cambiando pañales ni cantando canciones de cunas.
Me gustaba jugar con los hijos… de otros.
Hasta que cambiar pañales se volvió en una carrera y ponérselos de pie toda una maestría.
Yo no quería tener hijos.
No sabía ni cocinar.
No me veía haciendo planes alimenticios para nadie, ni para mí.
Ahora voy al negocio orgánico religiosamente a comprarle sus bananas y tengo la casa llena de platos y cubiertos de Peppa Pig. ¡Y cómo disfruto hacerle la cremita de frijoles que tanto le encanta!
Y no. Yo no quería tener hijos.
No quería interrumpir mis 8 horas de sueños diarias, hasta 12 horas los domingos.
Y quería continuar llenando la gasolina del carro los viernes para planear qué cosa inventar el fin de semana, sola.
Ahora cambié las idas a la playa por ir a ver animalitos a la granja.
Y ya no sé que es entrar en el vestidor de un almacén para medirme toda la ropa que quiero, sola, ya que ahora tengo que ir directo a lo que necesito y medirmelo con mi compañera de 85 centimetros de altura.
Yo no quería tener hijos.
Hasta que un test de embarazo salió positivo y, me cambiaron los planes!
Cambió mi mundo, para darme el honor de ser su madre y amarla.
Y le dio una garnatada a mi conciencia. Me enseñó - en mi caso - que nada está escrito y que ese ‘mundo perfecto’ que todos planeamos posiblemente no llegue porque nos pasamos planeando la vida y la vida se nos pasa.
Y si ella no estuviera probablemente yo no tendría estas ojeras y los brazos agotados de cargarla, y mucho menos las manchas del embarazo que tengo en mi frente.
O quizás estuviera conversando con algún compañero del trabajo sobre cómo resolver una crisis mediática con estrategias de PR, o cualquier cosa, menos, hablar de lactancia materna o crianza natural.
Miento. Si quería. Pero después de los 35, 36, 37. Quizá 40.
O mejor dicho: “Después de realizar todos mis planes”.
Ahora mis planes son en tres.
Yo no quería tener hijos.
No me veía cambiando pañales ni cantando canciones de cunas.
Me gustaba jugar con los hijos… de otros.
Hasta que cambiar pañales se volvió en una carrera y ponérselos de pie toda una maestría.
Yo no quería tener hijos.
No sabía ni cocinar.
No me veía haciendo planes alimenticios para nadie, ni para mí.
Ahora voy al negocio orgánico religiosamente a comprarle sus bananas y tengo la casa llena de platos y cubiertos de Peppa Pig. ¡Y cómo disfruto hacerle la cremita de frijoles que tanto le encanta!
Y no. Yo no quería tener hijos.
No quería interrumpir mis 8 horas de sueños diarias, hasta 12 horas los domingos.
Y quería continuar llenando la gasolina del carro los viernes para planear qué cosa inventar el fin de semana, sola.
Ahora cambié las idas a la playa por ir a ver animalitos a la granja.
Y ya no sé que es entrar en el vestidor de un almacén para medirme toda la ropa que quiero, sola, ya que ahora tengo que ir directo a lo que necesito y medirmelo con mi compañera de 85 centimetros de altura.
Yo no quería tener hijos.
Hasta que un test de embarazo salió positivo y, me cambiaron los planes!
Cambió mi mundo, para darme el honor de ser su madre y amarla.
Y le dio una garnatada a mi conciencia. Me enseñó - en mi caso - que nada está escrito y que ese ‘mundo perfecto’ que todos planeamos posiblemente no llegue porque nos pasamos planeando la vida y la vida se nos pasa.
<3
Y si ella no estuviera probablemente yo no tendría estas ojeras y los brazos agotados de cargarla, y mucho menos las manchas del embarazo que tengo en mi frente.
O quizás estuviera conversando con algún compañero del trabajo sobre cómo resolver una crisis mediática con estrategias de PR, o cualquier cosa, menos, hablar de lactancia materna o crianza natural.
Y mucho menos escribiendo este blog.
Mi presente no lo cambio!
Porque ahora tengo unos ojitos de estrella que me llaman ‘mami’ y con eso me basta para habitar este mundo; porque mis planes divinos y cósmicos son ella.
Y vamos, además de que ahora tengo una sobrecarga de Oxitocina natural que me hace querer comérmela a besos!!! :)
Mi presente no lo cambio!
Porque ahora tengo unos ojitos de estrella que me llaman ‘mami’ y con eso me basta para habitar este mundo; porque mis planes divinos y cósmicos son ella.
Y vamos, además de que ahora tengo una sobrecarga de Oxitocina natural que me hace querer comérmela a besos!!! :)
[Si alguna vez negué ser madre, pues no sabía lo que me perdía.]
Sigamos conectados por: Instagram @mamauniverso y Facebook.com/mamauniverso
Fotos/Lugar: Val D'Aosta - Italia
Sigamos conectados por: Instagram @mamauniverso y Facebook.com/mamauniverso
Fotos/Lugar: Val D'Aosta - Italia
